REDESCUBRIENDO LAS RUTAS ANCESTRALES DE LOS ANDES DE MERIDA – VENEZUELA: UNA VISION CONSERVACIONISTA.


REDESCUBRIENDO LAS RUTAS ANCESTRALES DE LOS ANDES DE MERIDA – VENEZUELA: UNA VISION CONSERVACIONISTA.
Omar Antonio Guerrero1, Gerardo Pineda 2 y  Wilver Contreras Miranda 1

1         Universidad de Los Andes, Laboratorio de Sostenibilidad y Ecodiseño de la Facultad de Ciencias Forestales y Ambientales y Grupo de Investigaciones de Ciencias de la Tierra (TERRA) de la Facultad de Ingeniería. Mérida, Venezuela. E-mail: omarguerrero1231@gmail.com wilvercontrerasmiranda@yahoo.es  
2         Institutos de Parques Nacionales – Inparques- Mérida, Venezuela. E-mail:  gpineda27@gmail.com

RESUMEN

Las vías de comunicación terrestre en las épocas prehispánicas también eran conocidas generalmente como “Caminos Reales”, las cuales se sostenían por las relaciones comerciales  y económicas de la época prehispánica y colonial existente en los altos Andes merideños. Se reconocen varios recorridos o circuitos de las comunidades indígenas que comunicaban a Mérida con los Llanos barineses y con el Lago de Maracaibo. Muchas localidades entre estas la población de Mucuchíes, represento junto a Mérida y el puerto lacustre de Gibraltar, una ruta de excepcional importancia en la integración indígena; ello debido a la economía prehispánica y su impulso generado en la colonia, por la creación de asentamientos poblados con importancia desde el punto de vista de la ubicación geoestratégica de estos asentamientos prehispánicos, como es el caso de Gavidia, Los Aposentos, Apartaderos, Torondoy, Piñango, La Venta, entre otros, y la importancia en la consolidación de las rutas naturales determinadas por la presencia de importantes valles fluviales longitudinales y transversales, como son los ríos Chama, Mocoties, Torondoy, Tucani, Motatán y Santo Domingo. Finalmente de los caminos ancestrales que se han recopilado, los cinco (5) caminos más importantes y de gran interés montañista - conservacionista, son los siguientes; 1) El camino real del Charal –Tucaní, por comunicar al antiguo puerto de Gibraltar; 2) El camino real de Torondoy, por ser la más antigua ruta de conexión al sur del Lago de Maracaibo; 3) El camino real de El Quinó, fundamental para el intercambio entre los Andes y los llanos altos occidentales; 4) El camino real de Los Andes o Niquitao, debido a su transcendencia histórica en torno a la independencia de Venezuela

PALABRAS CLAVES: Rutas ancestrales, Andes venezolanos, montañismo, conservacionismo.

I. INTRODUCCIÓN

Existe importante volumen de información relacionada con las economías prehispánicas y coloniales en la zona de Los Andes venezolanos, y su integración con el resto del país y las poblaciones vecinas de otros países (Febres Cordero, 1960; Arellano Moreno, 1973; Vila, 1978; Parra, 1983; Samudio, 1984; Velásquez, 1995; Parada,  1998; Rondón Nucete,  2000).
Entre los aspectos vinculados con las vías de comunicación y el poblamiento de los espacios geográficos andinos, es indudable que las actividades económicas juegan un papel fundamental, por medio del tráfico de diversas mercancías, materias primas y alimentos. En este sentido, las comunicaciones han permitido a través de la historia, la subsistencia y consolidación de numerosas culturas, desde pequeñas aldeas o comunidades, hasta poderosas entidades imperiales. Básicamente la vialidad ha garantizado intercambios humanos y comerciales, gracias a las cuales se han podido satisfacer las carencias o gustos de los distintos pueblos.
En cuanto a los altos Andes merideños, podemos señalar que la vialidad también ha ejercido un importante papel desde el punto de vista de los intercambios comerciales, desde el mismo periodo prehispánico. A pesar de la abrupta topografía altoandina, algunas rutas naturales de relevancia han facilitado los contactos entre los pobladores merideños asentados en distintos pisos altitudinales, entre las poblaciones andinas y regiones circundantes, como los Llanos de Barinas y zonas costeras del Lago de Maracaibo.  
Por el anterior contexto, a través de revisión bibliográfica y empleando tecnología de imágenes satelitales se procura establecer las principales rutas o caminos que construyeron los antiguos moradores de Los Andes merideños, como el inicio del intercambio económico y cultural,  de las cuales, muchas de esas vías de comunicación o “Caminos Reales” (Figura 1),  se han transformado en la actuales vías para el tránsito vehicular a lo largo del valle de los ríos Chama, Motatán, Mocoties y Santo Domingo (este último llamado el corredor de las canales), como es el caso de la Gran Carretera Transandina, a punto de cumplir sus cien años de existencia.



FIGURA 1.  Plano de la cuenca del río Chama en la época de la colonia. Fuente: Picón, Juan de Dios (1992). Edición original 1832

BREVE DESCRIPCIÓN DE LAS RUTAS DE COMUNICACIÓN TERRESTRE Y LA ACTIVIDAD COMERCIAL PREHISPÁNICA Y COLONIAL EN TERRITORIO MERIDEÑO

La Cordillera Andina de Mérida es una expresión orográfica de 40.000 Km2, con dirección preferencial suroeste-noreste, localizada en el occidente de Venezuela, esta región según datos históricos y arqueológicos fue sometida a sucesivos poblamientos de comunidades humanas desde el 450 dC hasta unos 370 años (Samudio,  1984; Claras, 1999; Gordones y Meneses, 2004, Bautista, 2010).
Estos poblamientos generaron un conjunto de caminos ancestrales que, luego de 500 años de historia, persisten como una herencia cultural de aquellos ancestros. Los primeros corregidores y oidores del imperio español, en visita a nuestras tierras andinas, para ordenar los pueblos de indias y ordenar las titulaciones de encomiendas, dieron fe de esos caminos ancestrales, basta recordar, según Samudio (1984) las correrías del corregidor Capitán Antonio Beltrán de Guevara en 1602 y del oidor Lic. Alonso Vásquez de Cisneros en 1620, entre otros. Esos caminos fueron remozados para convertirlos en caminos realizados, otros fueron desechados ante las pautas establecidas por la dinámica económica de la época. Pero como menciona Bautista (2011), nada anula su transcendencia histórica, al igual agregado al facilitar accesos a las regiones paisajísticas y geo-ecológicas más importantes de los Andes de Mérida.
Según varios autores dedicados al estudio de los caminos prehispánicos y coloniales Jahn (1927), Guillen (1978), Moreno (1979), Wagner (1980), Paredes (1984); Samudio, (1984) Kauman (1985, en Niño, 1990) y Hernández (2008) entre otros, se puede  indicar que el comercio colonial y las rutas más empleadas de la cuenca alta del Chama y áreas circundantes, se realizaba de las siguientes maneras:
  1. A lo largo de los ejes centrales de la cordillera merideña; principales valles fluviales de los ríos Chama, Mocoties, Santo Domingo y Motatán, conocidas como Caminos Reales a partir de la época de la colonia.
  2. Con la ciudad de Maracaibo, a través de los puertos lacustres de Gibraltar y Bobures, y de éstos, comunicación con los puertos caribeños y territorios de ultramar (Figura 2).
  3. Con poblaciones de los llanos altos occidentales, como: Pedraza y Barinas, a través del rio Santo Domingo y la población de Altamira de Cáceres; de la Sierra Nevada de Mérida por medio del Paramo de Los Aranguren  -  Santo Cristo y las montañas del Bumbún; desde la zona de las montañas del Bumbún – Santa Bárbara – Aricagua – Estanques – Chiguará – Mucujepe – Lago de Maracaibo, la cual era una ruta menos frecuente debido a la presencia de las minas de sal (Febres Cordero, 1960), considerado uno de los mejores secretos de los originarios de la zona, de ahí que en la época de la colonia, se construyeran pueblos o asentamientos de adoctrinamiento, siendo uno de los más importantes, San Antonio del Mucuño.
Las distintas rutas, antes mencionadas, eran en principio formas de interrelacionarse entre los pueblos indígenas y que posteriormente, fueron base para los españoles en su proceso de conquista de los vastos territorios de las cumbres nevadas que eran observadas desde el Lago de Maracaibo o desde los llanos barineses. Para el español en búsqueda de riqueza, esas altas montañas revestidas de neblina, generaban la inquietud de conocer y dominar  las características del territorio y sus potencialidades para el establecimiento de comunidades. Sin embargo,  las infranqueables selvas del Sur del Lago de Maracaibo  de ese entonces y aquellas en contacto con el piedemonte andino llanero, debían ser rebasadas con éxito por medio del mejoramiento de caminos distinguibles, ya determinados por los indígenas asentados en estos territorios, que generaran confianza y cierta seguridad en su recorrido.

CAMINOS REALES DE LA CORDILLERA DE MÉRIDA
El desarrollo comercial y el crecimiento vial se lleva a cabo en los ejes centrales de la cordillera merideña, y corresponde especialmente a laderas y fondos de valles longitudinales de los principales ríos, los cuales se comunican entre sí por los puntos terminales de sus fondos de valle. Tal es el caso de los ríos Mocotíes y Chama, que encuentren su confluencia en la cercanías de Estanques, así como el río Chama con los ríos Motatán - Santo Domingo, en la zona de Apartaderos y Piedras Blancas, igualmente la conexión entre el río Mocoties y el valle del río La Venegara que conectan a las poblaciones de Bailadores y La Grita, cuyos valles constituían la ruta natural de trayectoria para el Gran Camino Real (Figura 2), vía de gran importancia histórica considerando que a lo largo de su recorrido, se establecieron numerosos e importantes poblados, y que actualmente constituye la ruta principal de la Gran Carretera Trasandina, en su paso por la región central andina de Mérida.
La diversificación económica colonial va a tener entre una de sus consecuencias el auge de una gran actividad comercial por el Camino Real, que no se limitará al ámbito local, en el caso de la cuenca alta del Chama, sino al nivel de todos Los Andes venezolanos y parte de la región andina colombiana. El Camino Real llegó a ser una especie de gran camino interandino entre el territorio colombiano y el territorio venezolano, abarcando desde Santa Fe de Bogotá, hasta el actual Estado Trujillo, cuyo trazado básico estaba claramente determinado por las abras de valles longitudinales ubicados en la cordillera oriental colombiana y en la cordillera merideña (Figura 2)



FIGURA 2. Rutas principales del comercio de la colonia, que fueron originalmente transitadas por los originarios de la Cordillera Andina venezolana.  Se reconocen un eje principal (Camino Real) que conecta a los principales centros poblados (actualmente es el trazado de la carretera Trasandina – Troncal 001 y troncal 007);  y los caminos secundarios que conectan a la zona de los llanos de Barinas y el Sur del Lago de Maracaibo. Fuente: Modificada a partir de Moreno (1979).

Es importante destacar que los poblados de la cuenca alta del río Chama mantuvieron intensos contactos comerciales con otros puntos del Camino Real. Para demostrar la importancia económica de éste en su recorrido por el valle alto del río Chama, nos referiremos a tres poblaciones productoras y distribuidoras: Mérida, Mucuchíes y Apartaderos. Estos centros poblados fueron de importancia estratégica para las relaciones comerciales, las cuales eran centros de encrucijadas y posadas para los recorridos hacia la zona de los llanos de Barinas y el Sur del Lago de Maracaibo (Figura 3).


DESARROLLO DE CENTRO POBLADOS DEL VALLE DEL RÍO CHAMA Y CAMINOS HACIA EL SUR DEL LAGO Y BARINAS
En el recorrido de los caminos reales (anteriormente caminos de aborígenes andinos), se establecieron asentamientos poblados de importancia en la región, debido a que se constituyeron en zonas de posadas y encrucijadas como es el caso de Mucuchíes – Apartaderos; Estanques – Chiguará – Lagunillas (Jamuen) - meseta de Tatuy (Mérida).
Mucuchíes era una población intermedia en el valle alto del Chama, con un importante número de habitantes para la época, y con una producción agropecuaria de cierta magnitud. En este caso, es de destacar la condición de encrucijada natural que caracterizaba al poblado y sus alrededores, factor excelente para el comercio entre Barinas y Maracaibo, y entre distintos puntos del Camino Real. Se cree según Moreno (1979) y Paredes (1984), que después de la ciudad de Mérida, Mucuchíes fue el poblado colonial más importante del espacio altoandino merideño y sus áreas circundantes. En este caso, coincidimos con lo señalado por el historiador José Mejías (1996:42):
“A partir de la fundación de Mérida en 1558 por Juan Rodríguez Xuárez, toda esta zona de Mucuchíes, se convirtió en punto de atracción para los españoles por sus condiciones climáticas, muy favorables a la agricultura…”



FIGURA 3. Distribución espacial de las principales caminos reales de conexión entre la región del valle del río Chama – Sur del Lago de Maracaibo, Los Llanos de Barinas y la ruta hacia Santa Fe de Bogotá (Colombia). Fuente: Elaboración propia.
Mérida y Mucuchíes parecen haber tenido intensos contactos comerciales, gracias a su relativa cercanía en el recorrido por el Camino Real.  Otra localidad de importancia fue Apartaderos o Desapartaderos, población no muy importante desde el punto de vista demográfico, ya que su producción agropecuaria era escasa por estar ubicada en tierras superiores a los 3.200 metros sobre el nivel del mar, pero con una relevante condición geoestratégica para las relaciones comerciales interandinas (por el Camino Real), y para aquellas, que se establecieron entre Maracaibo, los altos Andes merideños, y los llanos barineses. En este caso, no se puede afirmar que Apartaderos era un importante centro productor y distribuidor, como sí lo eran Mérida y Mucuchíes; en cambio era un nudo comunicacional (encrucijada) de primer orden en los Andes venezolanos, como lo establecen Parra (1983) y Kauman (1985, en Niño, 1990).
Las poblaciones mencionadas no sólo eran importantes a partir del comercio que se realizaba por el Camino Real, sino que gracias a su ubicación geoestratégica (encrucijadas, como señalaremos más adelante), eran fundamentales para el auge y la consolidación de los circuitos económicos coloniales establecidos alrededor de los Andes merideños.

CAMINOS PREHISPÁNICOS Y DE LA COLONIA PARA EL LAGO DE MARACAIBO
El circuito  de comercio y tráfico en los rededores del Lago de Maracaibo surgió, entre otras razones, a partir de las necesidades económicas de los centros poblados de la cordillera merideña. A la vez que los colonizadores procedían a organizar el territorio altoandino merideño de acuerdo a sus intereses, tenían la firme idea de establecer puertos que permitieran la salida y entrada de los productos que comenzaban a ser comercializados entre la sub cuenca alta del río Chama (Jurisdicción del Corregimiento de Tunja, y luego de la Provincia de Mérida, según Moreno, 1979 y Wagner, 1980). De esta manera, las autoridades merideñas decidieron establecer el Puerto de San Antonio de Gibraltar (1591), que contaba con una importante ubicación geoestratégica, al ser excelente fondeadero y al tener comunicaciones naturales terrestres con buena parte de Los Andes venezolanos (por valles intramontanos). Además permitía la comunicación lacustre con otros puertos ubicados en el mismo lago, y por supuesto con el Mar Caribe.  A partir de este momento se intensifica el tráfico por las cordilleras de la Culata y Sierra Nevada de Mérida, como lo muestra Kauman (1985, en Niño, 1990) en el siguiente esquema planteado en la Figura 4.

Este puerto llegó a ser tan importante, que impulsó el poblamiento colonial en una zona con desventajas geográficas para el desarrollo de actividades agropecuarias y el consecuente asentamiento, como es el caso de Santa Apolonia, Tucaní (pueblos de encomenderos), El Charal, entre otros. La relevancia de Gibraltar queda expuesta en las Ordenanzas de San Antonio de Gibraltar.

Es de destacar que por el Puerto de Gibraltar, se comercializaba buena parte de la harina de trigo que desde Los Andes venezolanos se enviaba rumbo al Caribe y a la Península Ibérica. Esto nos da cierta idea sobre la importancia comercial del puerto para el espacio altoandino merideño durante la colonia.

Como ya mencionamos, diversos valles transversales que descienden de la cordillera merideña, permitían la comunicación con el Puerto de Gibraltar. Si bien es cierto que la comunicación terrestre era dificultosa en sus tramos más montañosos y cercanos al Lago de Maracaibo, era el único medio disponible para el desplazamiento, entre gran parte de Los Andes venezolanos y el Lago de Maracaibo, debido a la escasa o nula navegabilidad de los ríos que surcan estos territorios. Las rutas terrestres partían de diversos puntos de la cuenca alta del río Chama, particularmente de los tres poblados geoestratégicos que ya hemos señalado. En primer lugar, Mérida se comunicaba con Tucaní (pueblo de encomienda) y Gibraltar por el valle longitudinal del río Mucujún, que se conectaba con el valle transversal del río Tucaní, en un recorrido total de unas 30 leguas, equivalente a unos 150 kilómetros, tal como lo señalan Vila (1978) y Kauman (1985, en Niño, 1990) (Figuras  3 y 4).





FIGURA 4. Caminos de tráfico y comercialización entre la región central andina de Mérida – Mucuchíes  - Apartaderos, hacia el sur del Lago de Maracaibo, rutas utilizada en periodos prehispánicos y de la colonia. Fuente: Elaboración propia y modificado a partir de Kauman (1985, en Niño, 1990).

El Gran Camino Real fue el realizado por Juan Rodríguez Xuárez en sus expediciones por la cordillera andina (línea de trazo azul de la Figura 3), así como por otros conquistadores españoles que descendieron, desde la zona de Apartaderos por el río Santo Domingo hacia la población de Altamira de Cáceres (antigua capital de Barinas), hasta alcanzar la zona de los llanos. Esta ruta fue denominada como “el camino de los callejones”, por lo intrincado de las laderas y la presencia de innumerables arroyos y quebradas provenientes de la Sierra Nevada de Mérida (Figura 5).
Según Rondón Nucete (2000:29),  el Camino Real del valle del rio Chama debió haber sido una ruta muy transitada durante el periodo colonial, si observamos por ejemplo, que es uno de los mejores caminos de recuas que aún es recorrido en Los Andes merideños, con una anchura hasta de 5 metros.  Y señala que “ … Esa vía fue utilizada durante la época colonial como principal para la comunicación de Mérida con los puertos del Lago (Gibraltar, San Pedro y Santa María), y con las numerosas haciendas y plantaciones que se fundaron en la región. De allí, las condiciones que tuvo (empedrado y de buenas dimensiones) y la atención que siempre se le prestó, como prueban numerosos documentos”.

Luego tenemos el caso de Mucuchíes, poblado del que partían algunas rutas naturales por valles transversales, como era el caso de las quebradas La Toma y La Carbonera, para luego comunicarse con el río Torondoy. Esta ruta comunicaba a Mucuchíes con Torondoy, y de esta comunidad a pie de monte andino, se descendía al Lago. Además Mucuchíes también se comunicaba con otras poblaciones de la cuenca alta del río Chama, por medio de una intricada red de caminos en la Sierra de La Culata (Figura 5).

Por último, tenemos el caso de Apartaderos, poblado que se comunicaba con el Lago por los valles transversales de la quebrada Mifafí y del río Chirurí. En primer lugar se descendía a Piñango o Pueblo de la Sal (no porque allí existiera minas de sal, sino por consolidarse este asentamiento, como el centro de comercio de este importante producto), y de aquí, al Lago de Maracaibo. Es de destacar que Gibraltar y sus áreas circundantes sufrieron el ataque de grupos indígenas, impidiendo en varias ocasiones el tráfico comercial. De todas maneras, el puerto siguió funcionando regularmente hasta mediados del siglo XVIII, facilitando el comercio de la cuenca alta del río Chama con otros territorios (Figura 5).

CAMINOS PREHISPÁNICOS Y DE LA COLONIA HACIA LOS LLANOS DE BARINAS
En cuanto al comercio y el desarrollo de vías  con Barinas, hay que destacar la presencia de tres importantes poblados de los siglos XVI y XVII: Altamira de Cáceres, Barinas y Pedraza, que en realidad parecen haber ser sido puntos de avanzada para la exploración de los llanos occidentales (Figura 5). Estas poblaciones fueron fundadas por vecinos merideños bajo la supervisión de las autoridades españolas, lo que garantizaba su control a la jurisdicción merideña, y por supuesto la influencia en materia económica.

En materia de vialidad, las rutas exploradas por los fundadores fueron vitales para el surgimiento el circuito comercial entre Barinas, Los Andes merideños y Maracaibo. Barinas fue fundada por primera vez en 1577, con el nombre de Altamira de Cáceres, en una pequeña meseta cercana al río Santo Domingo. Según el historiador barinés Virgilio Tosta (1962) y Hernández (2003), esta población siempre estuvo condenada al fracaso económico, por lo que su ubicación debió responder solamente a aspectos geoestratégicos (Moreno, 1979), al exponer Tosta (1962:77):
“Tuvo la ciudad, más que todo, un valor estratégico. Estaba situada en una pequeña meseta que sólo ofrecía dos salidas. Una que facilitaba las comunicaciones con Mérida y Trujillo. La otra daba hacia lo llanos”.

Esta población, luego fue mudada al piedemonte andino llanero en la meseta del Moromoy, donde actualmente se ubica la población de Barinitas. Al cabo de cierto tiempo no pareció el sitio lo suficientemente amplio para el establecimiento de actividades agropecuarias de cierta magnitud y finalmente, se estableció la ciudad de Barinas en las llanuras colindantes al río Santo Domingo. Cabe destacar al valle del río Santo Domingo como común denominador geográfico en los diversos asentamientos de Barinas, no sólo por la riqueza hídrica y sus tierras fértiles en el caso de la llanura aluvial, sino por las facilidades para comunicar los llanos con los altos Andes merideños, y a su vez con el Lago de Maracaibo.

Sobre el lomo de mulas, era sacado el tabaco de Barinas, por la peligrosa ruta que conducía a Mérida (Camino de Los Callejones). Desde esta ciudad, se le llevaba a los puertos del Lago de Maracaibo: Nueva Zamora, primero, y más tarde, a partir de 1595, a San Antonio de Gibraltar. De aquí era embarcado con destino a Europa, donde gozaba de gran acogida y prestigio (Moreno, 1979).
La población llanera de Barinas supo tomar ventaja de su ubicación como punto terminal de una importante ruta transversal, conocida posteriormente como ya se expuso, como el “Camino de los Callejones” (Figura 4), que comunicaba en primera instancia a Barinas con Apartaderos y Mucuchíes. Sí bien no era precisamente el mejor camino, por mucho tiempo representaría la única opción para el desplazamiento de personas, alimentos y mercancías entre parte del piedemonte andino - llanero y otras regiones del occidente venezolano. A propósito de Los Callejones, el geógrafo Agustín Codazzi, citado por Vila (1974), nos presenta un curioso relato sobre las condiciones topográficas y climatológicas:

“.. He aquí la causa de las aguas robando, diremos, las tierras progresivamente, hayan formado unos zanjones profundos, que con sus paredes de un terreno de poca consistencia amenazan, en tiempo de lluvias sobre todo, sepultar a los pasajeros: este es el origen del nombre de los Callejones”.
Ahora bien, los barineses no sólo comerciaban sus productos por el puerto de Gibraltar, también lo hacían por algunos puertos lacustres dependientes de la Provincia de Venezuela, específicamente los conocidos como Tomocoro y Moporo, ubicados en las proximidades de lo que se conoce actualmente como el poblado trujillano de La Ceiba. Los barineses alegaban que para arribar a dichos puertos recorrían buenos caminos, de acuerdo a lo indicado en un documento del Archivo General de Indias, citados por Virgilio Tosta, y Hernández (2003:127):

 (...) “estado en uso y costumbre de tiempo inmemorial a esta parte, el llevar todo tabaco que se cría y se coge en la dicha ciudad de Barinas a los puertos de Tomocoro y Toporo jurisdicción de Maracaibo, para de allí nabegallo a estos reynos por la comodidad que ay tan conveniente para ello por ser los caminos muy buenos y la tierra sana para los naturales y negros, más breve el biaje”.


FIGURA 5. Rutas comerciales y tráfico prehispánico y colonial entre las zonas de los llanos de Barinas y el sur del Lago de Maracaibo. Modificado de Corpoturismo (s/f).

En todo caso, los barineses siguieron realizando parte de su comercio por los puertos de la Provincia de Venezuela, pero es indudable que la mayor parte de su economía dependía de los circuitos económicos andino merideño.
El caso de Pedraza es similar al de Barinas, en cuanto a las diversas mudanzas que sufriría. Fue fundada en el año 1591 por el capitán Gonzalo de Piña Ludueña, quien partió de La Grita recorriendo valles transversales, hasta descender al piedemonte andino - llanero, donde asentó la población por primera vez en el sitio conocido hoy como Pedraza La Vieja, al suroeste de Barinas. Pero Pedraza tuvo que ser mudada al menos dos veces, por los enfrentamientos entre los colonizadores y grupos indígenas.

La última de dichas mudanzas se llevó a cabo en el año 1609, ubicándose a Pedraza en un lugar cercano a la actual población de Ciudad Bolivia, en las riberas del río Canaguá. Por cierto, el valle transversal de este río es una excelente vía natural que comunica a esta parte de los llanos con los altos Andes merideños, específicamente con la población de Mucuchíes (Figura 5). Es probable que esta ubicación de Pedraza haya respondido al factor geoestratégico que significaba la comunicación con el Lago de Maracaibo, teniendo como enlace fundamental el eje central de la vialidad merideña (valle longitudinal del Chama). Cobraba mayor importancia su ubicación, si tomamos en cuenta la presencia de una producción agrícola y ganadera de cierta relevancia, basada fundamentalmente en el tabaco y la cría de reses.

Básicamente, Pedraza se comunicaba con los altos Andes merideños por dos importantes rutas naturales: a. El valle transversal del río Canaguá, que conectaba con la quebrada Gavidia; b. El valle transversal del río Curbatí, que se enlazaba con el otro camino. Esta vialidad tenía como destino intermedio la población geoestratégica de Mucuchíes, antes de descender al Lago de Maracaibo (Figuras 5 y 6).

FIGURA 6. Trazado de los caminos entre Curbatí – Pedraza La Vieja (Barinas) hacia la región central andina (Gavidia – Mucuchíes) para comercializar productos gasta el puerto de Gibraltar. Fuente: Elaboración propia.

Otra ruta de importancia durante la colonia como vía de tránsito de personas y productos fue la establecida entre; Pedraza La Vieja – Aricagua – Estanques – Chiguará - Mucujepe hacia el Lago de Maracaibo (Figuras 5 y 7), a través de la sección longitudinal del río Aricagua, especialmente por lo que lo refiere Febres Cordero (1910) a la presencia de minas de sal en la localidad de Aricagua (Palo Quemado), el cual constituyo un secreto para los habitantes indígenas de la época, debido a la importancia económica que resultaba su presencia en estas zonas andinas y en la que este gran escritor merideño, señala que fue la causa por la cual la población de Aricagua y asentamientos aledaños no fueron diezmados, pues les garantizaban la preservación de sus alimentos.


FIGURA 7. Ruta entre Santa Barbará (Barinas) a Mucujepe (Mérida). Fuente Elaboración propia.

Por otra parte, en la ruta del camino hacia la zona de Estanques, localidad de paso del río Chama, se establecieron asentamientos como el de San Antonio de Mucuño (llamado por lo pobladores como Pueblo Viejo, Figura 8), el cual para muchos historiadores  (Museo Arqueológico de la ULA), se estableció como un centro de adoctrinamiento para las comunidades indígenas, considerado el primer asentamiento del pueblo de Acequias.
Junto a la encomienda, el pueblo de doctrina fue un modo de organizar a los indígenas por los primeros colonizadores para impulsar la religión católica y controlar los modos de producción. Hubo numerosos pueblos de doctrina en Venezuela, pero se construyó sobre ellos y actualmente no quedan escasos vestigios de los mismos. Por ello se considera que San Antonio de Mucuño, es uno de los vestigios arquitectónico originales de los pueblos de doctrina en Venezuela.
Un conjunto de desastres naturales  (Aranguren y Guerrero, 1995), obligó a una primera mudanza del pueblo a fines del siglo XVII, lo que explica la presencia de dos iglesias en el sitio. A mediados del siglo XIX, una segunda mudanza lleva los habitantes al actual asentamiento de Acequias, dejando estas ruinas como testimonio del modo de organización colonial en los Pueblos del Sur de Mérida.
En 1991 las ruinas se declaran por decreto, Monumento Histórico Nacional bajo el resguardo del actual Instituto de Patrimonio Cultural. Desde entonces la gestión para su preservación sólo ha dado cabida a estudios arqueológicos, dejando el sitio sumido en el abandono.

FIGURA 8. Vistas de las ruinas de San Antonio del Mucuño – en la localidad de Acequias, Pueblos del Sur de  estado Mérida, zona de la cuenca del río Mucusá, en las cercanías del Pueblo de San Antonio de Acequias que comunica al Pueblo de Acequias con las Poblaciones de Tostos y El Morro.


CONCLUSIONES

La integración Este – Oeste de Los Andes venezolanos, fueron siempre un eje de integración de personas y comercio; debido a esto, los altos Andes merideños contaban con dos áreas de influencia en materia económica durante gran parte del periodo colonial: a. El piedemonte andino lacustre y parte de la costa sur del Lago de Maracaibo; b. El piedemonte andino llanero. La vialidad terrestre que posibilitaba la presencia de estos circuitos estaba constituida por los valles longitudinales y transversales merideños, mientras que el Lago de Maracaibo se consolidaba como la «puerta» lacustre marítima de entrada y salida de diversos productos en el occidente venezolano y parte del centro - oriente colombiano.

Finalmente, de los caminos ancestrales que se han recopilado (Samudio, 1984; Bautista, 2011, entre otros autores), los cinco (5) caminos más importantes y de gran interés montañista - conservacionista, en concordancia con Bautista (2011), son los siguientes;
1) El camino real del Charal –Tucaní, por comunicar al antiguo puerto de Gibraltar;  a través de la localidad de La Toma, en la subcuenca alta del río Chama y desciende por la cuenca del río Tucaní hasta el piedemonte andino lacustre hasta el Puerto de Gibraltar.
2) El camino real de Torondoy, por ser la más antigua ruta de conexión al sur del Lago de Maracaibo que parte de la localidad de Mifafí y desciende por la cuenca del río Torondoy, también conecta con el Puerto de Gibraltar
3) El camino real de El Quinó, fundamental para el intercambio entre los Andes y los llanos altos occidentales, camino que une la cuenca del río Nuestra Señora con los llanos de Barinas a través de las cuencas de los ríos Bocomboco y Socopó.
4) El camino real de Los Andes o Niquitao, debido a su transcendencia histórica en torno a la independencia de Venezuela, camino que unía la población de Niquitao (estado Trujillo) con los llanos de Barinas a través de las localidades de Calderas y Altamira de Cáceres (estado Barinas) y,
5) El camino real de la Culata por su valor geo-ecológico y paisajístico. A través de los caminos que unen la cuenca del río Mucujún con la cuenca del río Tucaní,  que conectan con el camino real del Charal, a una altura de aproximadamente 2900 msnm., A partir de allí, discurre por este último mencionado.   Mientras que el camino real de la colonia, que unía el Virreinato de Nueva Granada con la Capitanía General de Venezuela, está ocupado actualmente, por la famosa y casi centenaria carretera Trasandina.
Los famosos caminos ancestrales en torno a esta gran columna vertebral de las comunicaciones en la región andina de Mérida, están allí, esperando a quienes deseen redescubrirlas y revivir las andanzas de nuestros antepasados. Así pues, los caminos ancestrales son mucho más que un valor antropológico, la verdadera expresión del patrimonio natural y cultural que une a nuestros pueblos en tiempo y espacio.

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